Demasiado borracho para pensar

Me ha costado mucho recuperarme de la pérdida de Cristóbal, fue completamente inesperado para todos y yo me he visto estos días como sospechoso y amigo desolado por la pérdida, más o menos a partes iguales.
He dejado de buscarme, al menos temporalmente y me he dedicado a recorrer los bares con todo el furor del mundo.
Muchos días bebiendo para olvidar, otros observando a la gente, que es lo que más me gusta.
Estas visitas a los bares las he ido llevando en secreto del resto de mi familia y amigos, no estoy en condiciones de que me vuelvan a insistir con su pregunta, ¿cómo estás?. Sé que lo hacen porque se preocupan por mí, pero la verdad es que aún no se como estoy, y siempre tengo que mentir y decir que estoy bien.
Ayer, en mi ronda vespertina por los bares del barrio tuve de nuevo una visión.
Mientras disimulaba que miraba el partido de futbol de la televisión estaba observando al hombre que tenía al lado.
Tendría unos cincuenta años, aunque aparentaba bastantes menos. Su indumentaria denotaba mucha clase y un punto de originalidad que me dio por pensar que solia frecuentar bares donde iba gente bastante más joven que él. Le imaginé una persona simpática, con un gran don de gentes por como se desenvolvía en la barra. En fin me gustó.
Cuando llevabamos un rato en el bar, miró al camarero que estaba absorto con el fútbol y le pidió otra caña. El camarero no le hizo caso, educadamente, pasados unos minutos volvió a insistir en su petición. El camarero mantuvo su silencio.
Sin cambiar de postura ni de tono de voz, mi compañero de barra dijo, Ni en la cárcel me han tratado así.
Inmediatamente, el camarero le sirvió la caña y se retiró un poco más lejos de la televisión para poder mirarle disimuladamente.
Me encantó su actitud.
Sin levantar la voz ni insitir demasiado consiguió lo que quería.
Tengo que adoptar esa frase, como alguien me lleve la contraria o no hagan inmediatamente lo que me apetece la diré y se abrirán todas las puertas a mi paso.
Una vez tomada la decisión y terminada la caña, volví a casa.
Como no había elegido la canción con la que empezar el día, la elegí por el camino, los Coronas. Ya está todo dicho.

Voy a morirme solo, y probablemente rodeado de gatos…

He tenido unos días muy malos en los que me resultaba imposible hacer bien las cosas. No me podía concentrar en mi trabajo, al llegar a casa no tenía ganas de ver a nadie… Mi vida discurría sola entre mis propios pensamientos.
Así que mi jefe decidió que para una reunión sin importancia a la que tenía que asistir, era mejor mandarme a mí que perder su tiempo de trabajo. Asi que la semana pasada, me embarqué en el Ave y rumbo a Madrid.
Intenté que no se notara que iba en el puesto del jefe así que empecé a caminar más erguido y con aires de dirigir mi propia empresa, soltando propinas a los camareros y alguna mirada de superioridad al resto de los empleados que también asistían al congreso.
La verdad es que aún así me aburría muchísimo.
Me moría porque llegara el último día del Congreso para recoger todas mis cosas y volver a casa, a la rutina.
A la hora señalada en el programa cuando casi iba a empezar el vino de honor todo el mundo se agolpó alrededor de las mesas donde estaban los canapés y en un momento de descuido me escapé.
Camino a la parada de taxis un hombre se me acercó y me pidió fuego. Me paré a buscar el mechero en el bolsillo y vi como tres trabajadores del ayuntamiento abrían el registro del alcantarillado y metían dentro unas escaleras y un montón de herramientas. Dejaron una bolsa al lado del agujero, y me acerqué a mirar.
Como nadie volvía por la bolsa, me colé con ella por la alcantarilla.
Ni rastro de los tres hombres y en cambio, una peste que más vale la pena no describir…
Escuché unos ruidos y me dirigí en esa dirección hasta que di con los tres hombres. Se sobresaltaron al verme y les expliqué lo que hacía allí. Se miraron entre ellos con cara de asombro y me invitaron a otro cigarro, que rechacé, con la concentración de gases que había en esa alcantarilla podíamos salir por los aires en cualquier momento.
Les pregunté como volver a la superficie y me dijeron que no tenían tiempo de decirme como se salía, que buscara el camino por mi cuenta o que me quedara con ellos. Así que decidí seguir mi aventura con los tres hombres.
No eran muy habladores, y como yo tampoco estaba comunicativo, obedecía cuando me mandaban hacer algo y el resto del tiempo simplemente miraba lo que pasaba.
Caminamos durante horas por las galerías de más de cien años del alcantarillado. Desaparecía uno de ellos y al rato volvía a aparecer, dormíamos a turnos, me preguntaba constantemente qué hacía allí, hasta que no nos reunimos todos y caminamos hasta una zona en la que habían abierto un agujero en el techo. Entramos por el agujero y llegamos a una oficina del BBV, desvalijaron la caja, nos repartimos el botín y volvimos a la alcantarilla.
Me dijeron por donde salir, era de noche, había perdido completamente la noción del tiempo y del espacio, me costó bastante encontrar taxi y que me acercara al hotel donde estaba instalado.
Necesitaba urgentemente una ducha.
Cuando llegué había desaparecido tres días y tres noches y nadie me había echado en falta, ni siquiera dijeron nada en la oficina cuando tuve que pagar con la tarjeta de la empresa las noches extra de hotel.
Me tumbé en la cama y puse la televisión, una de las noticias que emitían era el robo en el que había participado, creo que dijeron que en el barrio de Arganzuela aunque estaba tan desorientado que podía haber sido en cualquier parte o incluso otro robo en otra sucursal del mismo banco, pero había demasiadas coincidencias.
A los ladrones les atraparon con el botín, no se dijo ni una palabra sobre mí.
¿Me había hecho invisible o no participé realmente en el robo?
Un montón de dinero confirmaba lo primero.
Me acerqué por fin a la estación y tomar el tren en dirección a casa, con una historia muy rara que contar y un montón de dinero robado en la maleta.
La vida es como un echar un polvo, un día abajo, mañana arriba.

El primer dia de mi nueva vida

He decidido que cada día lo empezaré con una canción, la bailaré al levantarme, me subirá el ánimo y regirá el resto del día. Lo he decidido.
Reviso mis discos. Sinatra. El es el elegido. Me gusta mucho su voz pero admiro aún más su lado mafioso. Confío en que sea verdad todo lo que cuentan sobre él.
Creo que voy por el buen camino.
Ayer fue el primer día de mi nueva vida. Hice un repaso mental de la gente que podía ser yo y de entre ellos tuve una corazonada. Ahora tengo que actuar.
Sonó el timbre, cinco minutos antes de la hora prevista.
Esperaba a Cristóbal, era él. Sus años de trabajo en Alemania le han hecho cambiar demasiado, antes era muy distinto. Siempre era el último en llegar y en marcharse, con unas excusas increíbles que me gustaban tanto. Muchas veces prefería esperarle y escuchar que se había topado con el cobrador del frac, que lo estaba esperando y se había producido entre ambos una alocada persecución en la autopista, que había saltado la mediana con el coche y había caído de la vía a una carretera comarcal, para luego darse cuenta de que todo era un error porque no debía nada a nadie.
Otra vez cruzó un jabalí por una avenida céntrica produciendo un colapso en el tráfico.
Aunque esta historia terminó siendo cierta, prefiero pensar que era otra de sus invenciones o las aventuras que solo le pueden pasar a él.
Al abrir la puerta, no me sorprendí, era Cristóbal, perfectamente vestido y con unas latas de cerveza, dispuesto a ser el alma de la fiesta, previamente alcoholizado. La fiesta fue mínima, Cristóbal y yo.
¿Seré él?
Cenamos, compartiendo anécdotas, cada vez más locas según se iba vaciando la botella de Brugal, revisando situaciones vividas y planes por compartir.
Cada vez me sentía más yo en Miguel y estoy convencido de que a él le pasaba lo mismo, hubo momentos en los que noté rara la voz que salía por mi garganta y propia la que emitía Cristóbal.
Seguro que era él, que era yo.
El nivel etílico continuó aumentado, las risas también.
Cristóbal se levantó de la mesa, tambaleándose, se quitó las gafas, las dejó con cuidado sobre la mesa. Abrió la ventana, se había acumulado demasiado calor en la habitación, pensé que era buena idea que se ventilara un poco, y se arrojó al vacío.
Me acerqué corriendo a la ventana y le vi en el suelo, creí que estaba muerto. La calle estaba desierta. No sabía qué hacer, si esperar a que pasara alguien y le viera, y yo fingir diciendo que no sabía nada, llamar a la policía y contarles lo que había pasado. ¿Y si creen que lo he matado?
Por mi cabeza pasaron miles de ideas en unos pocos segundos. Decidido cogí el teléfono y llamé al 092. Conté a la telefonista todo lo que pude en el mínimo tiempo. Creí estar en un lío. Pensé saltar por la ventana o salir corriendo. Ya veía como podía haber sido la persecución, como en Bullit, cuesta arriba y abajo por las calles de San Francisco, lástima estar a orillas de Ebro.
Cuando empezaba a tomar el aspecto de Steve McQueen oí las sirenas de la policía. Me senté a la mesa resignado, apurando lo que quedaba en la botella. Llamaron al timbre con demasiada urgencia dadas las circunstancias. Me acerqué lentamente a abrir. Allí estaban.
Mientras me preguntaban lo que había pasado, mi borrachera se iba evaporando, y les conté todo lo sucedido intentado ser muy preciso en los detalles y sin olvidar nada que pueda resultar importante. Aunque en realidad tampoco tengo claro que puede ser importante y qué no, era una cena de amigos, muy agradable, en ningún momento vi nada que me llamara la atención hasta que saltó.
Cuando terminé de contar mi historia, como siempre he visto hacer en las películas alargué los brazos hacia ellos esperando que me llevaran detenido a la comisaría con las esposas puestas y todo. Les dio un poco de risa y me dijeron que no me preocupara, que avisara a la familia de Cristóbal y les contara lo que había pasado con mucho cuidado, que solo los suicidas se quitan las gafas antes de arrojarse por la ventana.
He perdido un amigo y un candidato a ser mi verdadero yo.
Descarto a Cristóbal.
Escucho otra vez Beyond The Sea y me voy a dormir.

La vida sigue igual…

No paro de darle vueltas a la cabeza, esta historia que contó la enfermera me ha afectado demasiado siendo que no dio ningún dato ni de lugar ni de fechas, pero la sentí mía desde el momento en que la señora comenzó a hablar por la radio, su voz no me resultó desconocida, llamó mi atención desde el principio.
Estoy muy preocupado, visito a mi psiquiatra con regularidad y es algo que me tiene advertido, tengo tendencia natural a pensar que soy otra persona, que cada uno es protagonista de su historia y actor secundario en las ajenas.
Me contó hace tiempo la historia de Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, después de esperarle durante toda la mañana en la puerta de su casa y pedirle un autógrafo como cualquier fan, por la tarde cuando Lennon volvía al edificio en el que vivía le disparó, puso como excusa que Lennon era un impostor que se hacía pasar por Lennon que en realidad era él, y cuando veinticinco años más tarde fue estudiada la posibilidad de darle la libertad condicional contestó que se arrepentía de lo que había hecho, que se había equivocado, que no quería matar a John sino a Paul McCartney quien estaba haciéndose pasar por él.
Aunque pueda tener tendencia soñadora no creo que pueda convertirme en un asesino, así que en este sentido estoy tranquilo, solo quiero ser mejor persona y creo que la señal que estaba esperando para comenzar mi nueva vida ha llegado.
Ahora tengo que seguir esperando señales que me digan como seguir con la transformación.
Después de estas fabulaciones volví a casa, esperando tener una tarde relajada y encontré lo más parecido a una catástrofe que podía imaginar en estos momentos. El hijo pequeño de mi amigo Alfonso tenía sospechas en cuanto a los Reyes Magos y Papa Noel. Cuando llegó a casa del colegio le preguntó a su madre, como su respuesta no le dejó satisfecho, me preguntó a mí, su tío preferido, su cómplice en todos los juegos y bromas a sus padres, nosotros, los adultos, intentamos prolongar su ilusión al menos otro año más, y aún así siguió teniendo dudas.
Así que decidió que si los Reyes son magos, escondería la carta y si los regalos coinciden con los que ha pedido, confirmará que existen, en caso contrario, todas sus ilusiones infantiles habrán llegado a su fin.
En cuanto los niños se fueron al colegio al día siguiente, nos pusimos manos a la obra buscando la dichosa carta escondida y al final la encontramos. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos lo que había pedido a los Reyes Magos: una televisión 3D con las gafas encima de la mesa, que su madre cuando fuera al garaje encontrara el coche de sus sueños, otro coche de mis sueños para su padre y no se cuántas cosas más imposibles todas.
Hemos decidido que hoy vamos a terminar con sus ilusiones, no sin antes hacerme pasar por Papa Noel.

certeza de mi

Caminaba hacia el trabajo con el ipod bien fuerte, lo hago siempre, a ese volumen intento aislarme del resto del mundo y a la vez estar al dia de lo que sucede. Si no me informo bien parezco tonto, en el trabajo no puedo seguir ninguna conversación y me tienen por raro, así también controlo mi mente y deja de volar por unos minutos. Conflicto en el Sahara Occidental, los marroquíes de nuevo cargando contra esta pobre gente. Me vino a la mente la idea que ronda por mi cabeza desde que subí a un rascacielos, en las ciudades no hay horizonte, solo puedes verlo en el mar, el desierto o si estas en lo alto de una montaña, en el resto de los sitios es imposible. Ahora a estos pobres saharauis solo les van a dejar eso, la posibilidad de contemplar el horizonte, nosotros no lo tenemos, pero vivimos en casa.
Seguí escuchando la radio, en realidad, no la oía, me hacía compañía, me gusta caminar al ritmo de la música, encontrar la cadencia en mis pasos para solo yo saber, que en realidad estoy bailando.
Terminó la programación musical y el locutor comenzó a leer, con demasiado entusiasmo una lista larguísima de noticias breves. No había nada nuevo bajo el sol. La misma discusión entre palestinos e israelíes, los superpoderosos haciendo de maldades en los países más desfavorecidos y poniendo cara de buenos, el resto de mundo imitándose unos a otros. Lo mismo de los últimos 60 años.
Como siempre.
Pensé que podrían participar en la campaña mundial de ahorro energético leyendo las noticias breves de hace un año. Acumularían más gente en el paro pero se invierte en el planeta. Además estaba completamente seguro de que no nos daríamos cuenta.
Empecé a prestar atención con el turno de testimonios, lo divertido que era escuchar a la gente. Una enfermera de la maternidad empezó a contar su historia, hace muchos años, y así durante toda su vida laboral, cambió las pulseras identificativas de los recién nacidos del día.
No pude seguir caminando, el corazón se me paró, me dio la sensación de que algo de lo que escuché me tocó y me hirió.
Precisamente en este momento me dí cuenta de que no era la persona que creí ser durante toda mi vida. La enfermera me cambió, me dio una vida diferente, mi familia no fueron las personas con las que he crecido, seguramente he tenido algún hermano y me he comportado como un idiota todos estos años, interpretando un papel falso, como en un Gran Hermano donde he sido el protagonista y nadie ha perdido en tiempo mirando porque mi canal no estaba sintonizado en ninguna televisión.
¿Dónde estoy realmente, quien soy?
Me gustaría ser una persona especial, de las que pasan a la historia, un científico o alguien capaz de inventar algo revolucionario, o incluso ser un auténtico revolucionario. No es muy probable que sea el Che Guevara, nos llevamos un montón de años, así que lo primero que tengo que hacer es descartar a todas las personas del mundo que no nacieron el mismo día del mismo año que yo y previsiblemente en el mismo hospital, y eso confiando que esta enfermera con vocación de bruja capaz de cambiar el destino de sus bebes fuera la única del mundo entero que se atreviera a hacerlo. En caso contrario vamos dados.
Me acordé de la película Gilda e hice mía esta frase, “la odiaba tanto que no podía quitármela del pensamiento. Estaba en el aire que respiraba y en la comida que tomaba. Creí morir de odio”

En una habitación sin espejos solo nos vemos del cuello para abajo

Tratándose de un blog, no se si tiene sentido diferenciar entre un prólogo y un epílogo.
No soy hombre de muchas palabras, más bien soy hombre de letras, de letras físicas, me encanta la redondez de la o, d y b, las curvas sinuosas de la r y sobre todo de la R (mayúscula), el aspecto de serpiente de la z. Me gusta jugar con ellas. A veces compongo palabras, otras las descompongo. Me gusta la musicalidad del alfabeto, de hecho soy capaz de repetirlo en ambos sentidos en cinco idiomas, pero mi asignatura pendiente, en las letras y en la vida es dejar a un lado la belleza y centrarme en la realidad.
Soy diestro y vivo en Zaragoza. He nacido y vivido aquí toda mi vida y nunca he llegado a conocer profundamente mi ciudad, pero es una de las cosas que tengo pendientes antes de morir, un día visitar Zaragoza como lo hacen los turistas, ser un extraño en mi propia ciudad.
Me gusta mucho viajar y lo hago cuanto puedo.
No tengo hermanos pero tengo una gran familia de la que rehuyo constantemente aunque no siempre es fácil escapar.
Mi libro preferido es El Principito, me siento identificado con lo que cuenta, sobre todo con la filosofía que predica, vivir la vida y apreciar las cosas pequeñas.
Soy persona de costumbres, amante de la buena comida y bebida.
No soy muy sociable, me cuesta un gran esfuerzo mantener una conversación con alguien a quien apenas conozco y la mayoría de las veces no lo consigo. Me voy y dejo a mi interlocutor con la palabra en la boca. Seguramente será por eso por lo que no tengo muchos amigos.
Siempre estoy pendiente de ellos, como no son muchos, es más fácil, saben que son gente que me importa. Antes de dormirme mando mensajes a la gente que valoro sencillamente para recordarles que estoy ahí con y para ellos.
No soy nada supersticioso pero si muy cabezón, y ese es mi mayor defecto y mi mejor virtud. Cuando prometo algo, lo cumplo, siempre se puede contar conmigo para todo lo que esté en mi mano.
Aunque como humano también tengo defectos, el más destacado es que soy fumador. Y mucho.
Adoro hablar de política y una de las cosas que más me gusta es quedar con mis amigos para tomar una cerveza y hablar sobre temas interesantes o cosas agradables. Nunca he ganado ningún premio en serio pero he hecho cosas dignas de premiarse en esta vida, entre las cuales destacaría mi empeño en hacer las cosas bien y mi constancia en todo.
Me gusta mucho el invierno, y estoy de suerte porque es la estación que se avecina.
Mi color preferido es el rojo aunque visto de negro porque creo que así paso desapercibido con mayor facilidad.
Soy muy sestero, me encantan las siestas largas.
En mis bolsillos nunca faltan monedas para una café y un mechero.
Odio trabajar y mi trabajo es muy estresante aunque, paradójicamente, si me tocase la lotería, compraría una empresa y me sentaría en el sofá grande como jefe del cotarro. Como buen odiador del trabajo, mi día preferido de la semana es el viernes, a partir de las tres de la tarde que es cuando empieza mi fin de semana.
En el ámbito del amor no he tenido demasiada suerte, puedo decir que he estado enamorado en el pasado, por desgracia. Ahora mismo no estoy enamorado, pero se que no me costará encontrar a alguien valioso porque no reparo en el físico de las personas. Me gusta conocer su aspecto interior. Nunca me enamoro del exterior de una persona sino de sus cualidades y para que alguien consiga abrir mi corazón tiene que hacerme reir y valorarme.
Un buen simil de cómo soy cuando estoy enamorado es el detalle de que nunca uso paraguas cuando llueve.
Doy cariño a manos llenas y no me importa si fracaso en el camino. El fin justifica los medios y los medios te ayudan a llegar al fin. Pido mucho menos de lo que doy. Por eso se que soy un héroe.
Se que siempre he sido así.
Me siento identificado con las canciones de Calamaro: Soy todo corazón y eso me hace mal/soy muy sensible a la belleza/ por eso pierdo la cabeza con tanta facilidad/ socio de la soledad…
Desde este momento lo que deseo es convertirme en un hombre en todo el sentido de la palabra.
Demostrar que no todos los hombres son unos obsesos sexuales ni todas las mujeres unas románticas.
Hoy me he dejado bigote.
Me llamo Moustache.